domingo, marzo 07, 2004
Preambula fidei
Dicen las personas normales desde los tiempos algo ya lejanos en los que Tales deambulaba por Mileto, que los filósofos estamos un poco tocados del ala, que vagamos medio "alelados" por los caminos del Señor (Kant, por ejemplo) con demasiados pájaros en la cabeza, más preocupados por las cosas de los cielos, sin prestar la suficiente atención que a lo que tenemos delante de nuestras narices. No voy a refutar el dictamen del sentido común que se decantado a través de innumerables siglos (bueno, en concreto son veinteseis), y no porque no me vea falto de fuerzas, sino porque amparándome en la sabiduría del vulgo sanchopancesco, aprovecharé a increpar a mis paisanos con furia inusitada de bacante y desterraré el comedimiento y la circunspección que por todas partes nos inunda. Estos breves apuntes esbozados a vuelapluma y embalsamados en esta botella invisible con destino a un atronador mar de silencio binario no serán las reflexiones sosegadas propias de un erudito profesor ahíto de bibliografías y hermenéutica, ni tampoco un soporífero tratado repleto de interminables citas de autores alemanes. Pretendo más bien rescatar el libelo y la filípica del olvido en el que moran, para despotricar sin medida contra todo "esto y aquello" que me solivianta o deprime. Invoco a mi dilecto don Miguel (les remito a este memorable artículo incluido en su mítico libro "Mi religión y otros ensayos"; y lean su continuación en esta otra página), al incombustible García Calvo (aquí pueden ustedes paladear alguna de sus diatribas), a mi tocayo Albiac y al locuelo de Arrabal para que me inspiren en esta nueva y solitaria andadura que emprendo y exorcicen con su compañía los fantasmas de la indolencia y el desánimo. Espero que la tecnología no ahogue estos exabruptos algo desabridos que se avecinan, fruto de mi insania indisimuda, y de que mi atrabiliario carácter no espante a los pocos lectores que probablemente curioseen por estas páginas. Un saludo a todos desde las proximidades del abismo.
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